miércoles, 12 de enero de 2011

¿CÓMO SE VESTIRÁ HOY?

Napoleón Bonaparte durante sus batallas, usaba camisa de color rojo. Pensaba que si era herido, no se notaría su sangre y los soldados seguirían luchando sin temor. Doscientos años más tarde, el rector de Obras Públicas utiliza siempre el azul-marino. Se sitúa así más cerca de Catalina la Grande.

Tal vez no sabe si es, o si no es; y sin embargo decide cada día sobre los “recortes-sin-recortes”. Es un experto en gastar dinero, como puso de manifiesto durante la presidencia de la institución universitaria. La situación en que dejó las arcas a su sucesor, fue todo un poema. No es extraño, por tanto, que ahora se resista a aceptar recortes en “su” presupuesto.

Pese a la situación calamitosa de las cuentas de la Administración regional, pretende ahora licitar tres nuevas autovías, con un presupuesto de 800 millones de euros ¿Hay alguien que dé más? En tiempos de crisis, lo mejor es endeudarse, ¡que sabrán esos manifestantes, lo que hay que hacer con los cuartos de la gente!

“El Gobierno de Murcia no es vasallo de nadie” dijo en sus declaraciones a la prensa. Hablaba del “vasallaje” que supuestamente impone el gobierno de la nación. Murcia, por tanto, con un nuevo Antonette Gálvez, vuelve al Cantonalismo.

Dicen que la frase más utilizada, -por el más leal de los consejeros que en el mundo han sido-, es presidente”. “Sí, presidente”, “mira presidente”, “muy bien presidente”… Pero ¿dónde estará esta tarde el consejero Ballesta?; y sobre todo ¿cómo irá vestido?

Cuando miles de murcianos salgan a la calle (salgamos), pidiendo transparencia en las cuentas públicas, ¿dónde se va a meter, para “que no se diga, que no se sepa, que no se note”?

Y, como queda dicho, en sus “batallas presupuestarias”, siempre viste de azul-marino. Es el color que mejor expresa el vasallaje.


domingo, 9 de enero de 2011

MALDITO TRANVÍA

Muere el profesor Javier López Navarro en un accidente en el centro de la ciudad de Murcia.

Hace algún tiempo, un periodista escribía una columna con el título “no existen ya los accidentes de tráfico”. El periodista con un estilo punzante y socarrón se refería a un tal Lucas que tenía el atrevimiento de conducir “sin descansar, sin comer y casi sin repostar”, por lo que gozaba de una aura de infalibilidad al volante. El chaufeur Lucas conducía nada más y nada menos que el coche del entonces consejero de Sanidad Marqués, “si Vd. quiere llegar a tiempo, déjeme a mí...”, solía decir.

Creo que si nos paramos a pensar en las muertes que el tráfico nos aporta sobre todo cada fin de semana, se habría prestado más atención a la seguridad y menos a la velocidad. Pero ¡estamos en la cultura del automóvil!, como en otra época existió la cultura del bisonte; y todos hemos asumido ya, como algo obvio, que la civilización del coche comporta un determinado número de muertes.

Ayer, después de presenciar el accidente en el que murió el profesor Javier López Navarro, en el centro de Murcia, minutos antes de las doce de la noche, volví a recordar al periodista y a los amigos de esta ciudad con sus atascos y sus accidentes. No se me va de la cabeza. Es increíble que en el centro de Murcia, un ciudadano prudente, acabe siendo víctima de la temeridad e irresponsabilidad de otros.

Todavía estoy poseído por el agudo escalofrío que me sigue produciendo el hecho. He prestado, por lo tanto, un interés relativo a todo lo que ha pasado en un fin de semana en el que el Deportivo jugaba con el Barcelona, los profesores preparan paros intermitentes como medida de protesta contra la Comunidad Autónoma, y el tranvía de Murcia sigue con su viaje interminable hacia ninguna parte.

Pero ¿quién es el responsable de lo ocurrido?, ¿el exceso de velocidad del vehículo “agresor”?, ¿la distracción de un conductor novel?, ¿la confusión que está produciendo aún las obras del tranvía? Creo que al menos estos tres factores han sido determinantes en el accidente.

El accidente de tráfico nos toca a todos de alguna forma, no sólo a los vecinos de la Flota. Mientras la nueva tecnología anuncia en un futuro inmediato que el coche de cada uno será “inteligente”, provisto de ordenador que pueda sugerir el mejor itinerario, la distancia de los otros coches, impedir ir demasiado rápido o hacer un adelantamiento indebido etc., yo me sumo a quienes propugnan que hay que mejorar el transporte público, como forma de dejar el coche en casa si se quiere llegar pronto y seguro. Además no es estético que la ciudad se convierta, como ha ocurrido durante estas fiestas, en un atasco, llegando a ocupar el coche un espacio y sobre todo un estatus que sólo corresponde a la categoría de ciudadano.

En este sentido, el tranvía, -de dudosa utilidad y de incierta rentabilidad-, está produciendo en algunos ciudadanos malestar. Durante estos días, con su puesta a punto, los vecinos están viendo cómo los semáforos funcionan a las órdenes de los convoyes, y cómo se llevan a cabo cambios todos los días. Esto se nota en el tráfico de la ciudad, y en el estrés de los conductores. Conducir por la misma avenida, resulta peligroso.

No sé si alguno de vosotros conocisteis a Javier o a su familia. Sí sé que durará mucho tiempo su recuerdo en algunos de nosotros, y tal vez provoque cambios en la organización lamentable del tráfico en la ciudad de Murcia. Como contrapunto, las vías del tranvía sirvieron, durante demasiado tiempo en la madrugada del Sábado, para dar soporte al cuerpo sin vida de un hombre de bien: artista, amante de la perfección, solidario, buena gente. Su generosidad cautivó a muchos.

Cuando ya abandonábamos aquel lugar, escuché con emoción a una mujer del barrio, Fuensanta, decir -tal vez injustamente-: “Maldito Tranvía”.

viernes, 7 de enero de 2011

¿Hacia dónde vamos?

Los “líderes” sindicales de Murcia a ninguna parte, sobre todo si siguen dando vueltas con la misma manifestación, con el mismo recorrido, con las mismas voces, con los mismos... Sólo ha cambiado la petición de dimisión, que ahora algunos la hacen extensiva a Zapatero, por torpeza de quienes deberían ser más cautos.

Pero si actúan de otra forma, conseguirán que Valcárcel acceda a hablar con ellos, y a partir de ahí se abre otra fase que puede ser muy interesante. El próximo día 12, martes, se pretende que grupos de manifestantes lleven a cabo acciones más contundentes. Son bastantes los que piensan en un encierro en una institución. Y a partir del día 13 iniciar una huelga en los sectores docente y sanitario.

No cabe la menor duda que el presidente Valcárcel, si esto se produce, recibirá a los manifestantes el día 13 de Enero. A partir de ahí, se abre una nueva fase…

Somos bastantes los que propugnamos la acción directa. Algo parecido a lo que hicimos cuando el yacimiento arqueológico de san Esteban. Es necesario ir más allá ¿A dónde? No muy lejos, o tal vez sí, según se mire. En mi modesta opinión ya no se trata sólo de reajustes económicos, sino de dignidad.

Pero además, creo que si se hace bien, el gobierno regional tiene que dimitir, no tanto por lo que hace, sino sobre todo cómo lo hace. En este momento debe ser nuestro principal objetivo.

Hay situaciones en las que no tenemos más remedio que reaccionar; y la más importante es cuando quien gobierna pierde la dignidad y la decencia.

Queremos que cunda en la gente la idea de que el miércoles hay que hacer algo diferente, y más eficaz.

miércoles, 5 de enero de 2011

EL BESO ES MÁS DULCE CON HUMO

Si decides no fumar, sólo se me ocurre compadecerte, decía mi abuelo. Y así voy yo por la vida, provocando compasión. Aunque cada día somos más los dignos de compasión. Ya ni Felipe González, Peces Barba, Rodrigo Rato, o el ex-ministro Solbes fuman. Sólo se dejó fumar José María Aznar por influencia de Bush, y no faltó quien criticara aquel gesto. En pocos años hemos pasado de percibir al fumador como un modelo de convivencia que distribuye generosamente su objeto de placer, a considerarlo como un propagador de sustancias nocivas que ponen en peligro la salud de su entorno.

Le debo al cigarro un incremento de mi capacidad de trabajo y un mayor dominio de mí mismo. Lo que más echamos de menos los valientes que hemos dejado el tabaco, no es el sabor, sino el gesto. Ese aplomo que da el sujetar un cigarrillo con la punta de los dedos, esa desenvoltura aparente, y esa elegancia a la silueta por este objeto son innegables. Rubio, negro o bermejo, como el cabello de una mujer. Objeto moderno, sin el que algunos gestos quedarían inacabados. Versión contemporánea del abanico, del ridículo, del monedero, del bastón.

Pero ¿no era cosa de hombres? Es mi rubio más fiel, dice Verónica. Quince pitillos al día a sus 17 años hacen que se sienta bien. El suyo no es un caso aislado: de cinco amigas, cuatro fuman más de doce cigarrillos al día. El tabaco en nuestro país ha pasado a ocupar el apartado íntimo de cosas de chicas. Son ellas las que fuman más, y además lo hacen antes. Las adolescentes ansían parecer adultas y para ellas ser adultas equivale a ser fumadoras, según los spots que relacionan su imagen con el tabaco.

“Con humo no hay beso”, dice una frase publicitaria contra el tabaquismo. Pero Verónica rompe mis esquemas cuando me habla de que el beso es más dulce con humo. Y además añade: pruébalo y verás. Efectivamente lo es. El deseo de un beso que viniendo de un fumador sabe forzosamente a humo. Por algo el Papa Urbano VIII amenazaba de excomunión a los fumadores.

Se comprende mejor que la adicción al tabaco no sea el atributo de una estructura psíquica particular. El psicótico consumirá su vida al compás de su cigarrillo, consumiéndose junto al fuego de un significante vuelto real para él. El neurótico obsesivo quedará satisfecho con los rituales que le concede un pitillo. El fóbico lo elegirá como pantalla protectora ante cualquier situación a evitar. La insatisfacción de un histérico le llevará a esgrimirlo, en la punta de una boquilla…, objeto de deseo, de amor, de repulsión, de disfrute, de envidia, de solicitud, complemento de nuestro cuerpo; él puede poner música implícita a nuestro nombre. El humo del cigarro no es un humo cualquiera.

Pero, si “con humo no hay beso”, sólo se me ocurre compadecerte si fumas. Los más largos besos de los jóvenes de hoy, y los más bellos espasmos de las adolescentes, no tienen por qué dejar siempre olor a humo ¿O sí?

sábado, 1 de enero de 2011

He perdido un amigo

No es fácil saber por qué se pierde el trato con los amigos. En ocasiones se produjo un conflicto o una diferencia de aficiones o formas de pensar; y otras no existió nunca la amistad sino un interés muy "desinteresado".

Por mi parte, acabo de hacer recuento de los amigos que aún tengo, y no estoy tan mal. La cuenta de resultados arroja la cantidad de 17, amigos en los buenos y en los malos momentos. Perdí algunos por el camino, -por mi mala cabeza, asumía riesgos innecesarios y esto no ofrece disfrute alguno a los agregados; además hubo quien le tuvo miedo a posibles sanciones administrativas por andar con malas compañías-, pero gané otros. Ahora soy afortunado porque guardo amigos de reserva, y también tengo algunos de crianza; lo mismo que me ocurre con el aceite y el vino.

A los amigos, los prefiero viejos, me siento más a gusto. Junto a un amigo de la adolescencia, seguimos siendo, en cierto modo, adolescentes, chicos con hipotecas, muchachos con estrés laboral, pero jóvenes al fin y al cabo. El tiempo ha pasado y se ha detenido al mismo tiempo gracias a los recuerdos comunes; permanecen aún los instantes de risa, la experiencia inolvidable de compartirlo todo sin nada a cambio. Una amistad de calidad es un tesoro transparente y único, sin el cual la vida sería menos segura y menos divertida.

La amistad es también un sentimiento de nobleza. Con un amigo no se firman compromisos, ni se levantan actas. Dicen los expertos que un dato para detectar la inteligencia emocional de alguien es su capacidad para conservar amigos. Parece por tanto que no abundan en nuestra sociedad personas inteligentes. En mi caso, la inteligencia debe ser modesta, porque he perdido un amigo como se pierde el tiempo, porque estaba de dios o porque acaso las condiciones de vida o de trabajo no daban para más. He perdido un amigo con ese mismo gesto con que se pierde un mundo. Las cosas que nadie rompe se rompieron.

Después de haber saboreado el placer de la amistad durante largos años, me he dado cuenta que, los amigos de hoy, con frecuencia, suelen ser los enemigos de mañana. Cuando se trabaja en la Administración pública, uno se acomoda a la presencia constante de trepas, y a los amigos que uno sabe que no lo son.

Cuatro cosas tiene el hombre, decía Machado, que no sirven en la mar, ancla, gobernalle y remos y miedo de naufragar. Yo he aprendido a vivir al borde de la vida, y ahora sólo necesito a nadie. Si acaso un pedazo de Dios y una manzana. Permíteme, ¡oh! Apolo, gozar de lo que tengo, conservar mi salud y mi cabeza, y que pueda a mi edad, tocar aún la lira.

No es fácil quitarse la adicción a escribir, que esto significa para mí tocar la lira. No es fácil quitarse el vicio de ver la realidad, y si no escribes no tienes un escudo con que protegerte de ella. No es fácil tampoco dejar de beber el veneno malevo de la amistad. Y ¿para qué escribir sobre un amigo que no lo es, y tal vez no lo fue nunca?

domingo, 19 de diciembre de 2010

Llamada Perdida

Tengo una llamada perdida, es la frase más corriente entre los que llevan móvil, es decir todos. De momento no se sabe quién llama, o si se equivocó de número, o tal vez no quiere gastar de su tarjeta y lo que pretende es dar un aviso para que le llamen. Pero puede significar muchas cosas más: te pueden invitar a una quedada con el pedido incluso de pásalo o póntelo; o puede que te estén convocando para que te manifiestes quién sabe donde. Lo más probable es que sea la llamada perdida de algún político.

Estas llamadas suelen tener lugar a destiempo y a media luz: cuando vas al volante, entras a clase, o estás en éxtasis con una nueva experiencia durante el fin de semana ¡Un sobresalto inútil!, por culpa de algún pesado.

Yo no hago caso a las llamadas perdidas, por lo que pueda pasar. Un día me llamaron a La Habana para tomar la cerveza en las Cristaleras de Alfonso X; contesté al teléfono, y ¡cara cerveza! Otra vez, no es broma, fue en Moscú hace unos meses; y cuando marqué ese número, ilusionado ante alguna noticia importante de mi tierra, o bien de alguna entrevista con los hijos de Putin; resulta que era mi vecina Lola, que había perdido las llaves.

En fin, que no acepto llamadas perdidas, a no ser que vengan del Más Allá; y ahí incluyo al ángel de la guarda, a un amor imposible que tuve en mi juventud (era mujer), al espíritu de mis progenitores, a Ratzinger, Sigmund Freud o el juez Garzón. Y poco más. Ya me gustaría a mí hablar con Isabel la Católica para preguntar por qué le llaman Católica; o con María Magdalena para saber de una vez si es ella la del cuadro de Leonardo; aunque no hay duda de que es ella la que está a la derecha del Maestro durante la cena, diga Da Vinci lo que quiera.

Esta llamada perdida, sí la respondería gustoso, a pesar de los costos por tan larga distancia. Me encanta el papel de esta mujer apasionada, siempre entre dos luces, defenestrada sin contemplaciones por el machista de Tarso; pero erótica, voluptuosa, sensual, es decir creyente de otra vida. Ahora, ¡lo que son las cosas!, La Magdalena constituye el último tabú para tantos “meapilas” que frecuentan sesiones interminables en innumerables sectas.

A pesar de este capricho mío, no hago caso de llamadas perdidas. Me ha dicho mi médico que no tome disgustos, y el teléfono da muchos. No es preciso añadir que se trata de un médico tímido, pacífico y del Opus. Gracias a este médico pacífico, he empezado a relacionarme con la gente como si estuviera otra vez pidiendo permiso para vivir. Él me ayuda a prevenir males físicos, pero hay que reconocer que a cambio estoy perdiendo altruismo, previsión de futuro y sentido del humor. Por lo que al final, no hago caso de nadie, ni siquiera del médico.

He decidido jugármela, y probar todo lo bueno ¡Qué bien se queda uno, cuando desobedece! No tendré éxito, pero disfruto. En adelante seré un rebelde con causa, por supuesto; es decir, un ser humano que ha logrado librarse del éxito, que generalmente convierte a quien lo alcanza en un cretino. Eso sí, con innumerables llamadas perdidas entre dos luces.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Shakespeare y el Aceite de Oliva

¿Qué tomas para desayunar?
Hoy quiero proponerte algo: Un buen desayuno es fundamental, sobre todo teniendo en cuenta el estrés y los problemas que tienes en el trabajo, en tu familia y en las relaciones sentimentales ¡Escúchame bien!, llevas una vida muy acelerada, y el estrés puede acabar pasándote factura.

Yo tengo muy claro lo que hay que hacer. Primero, dile a esa persona que te pisa el callo: “Mi médico me ha dicho que no tome disgustos”. Después, cuida el desayuno. Debes tomar tostadas con aceite de oliva virgen extra, a ser posible ecológico. Algunos de mis amigos lo toman, diariamente; y desde entonces ¡mano de santo!, se sienten bien y pueden con todo. Yo les auguro diez años más de vida. Claro que hay un secreto que voy a desvelar porque me interesa tu salud, también la psicológica: Se trata de poner más cantidad de aceite que de tostadas.

Ahora piensa un poco en las tostadas, que la cosa también tiene su intríngulis: las tostadas constituyen la delgada línea que separa a miles de jóvenes solteros de la muerte por inanición. Cuando algunas madres le dicen a sus chicos que hagan tres comidas al día, a menudo se traduce en tres rebanadas de pan de molde bronceadas en la tostadora, con diversos y grasientos ingredientes; claro que no le ponen aceite de oliva, ecológico, virgen extra, ¿lo he dicho bien?

Yo prefiero el pan normal, -no de molde-. Y no acabo de entender por qué algunos le quitan la corteza al pan. Estas personas ignoran dónde reside el verdadero placer. La gracia de las tostadas está en que sean crujientes, costrosas y crustáceas. Puede que hacer tostadas parezca fácil, pero no lo es; y esa es la razón de que nadie pueda hacerlas como a ti te gustan. Si están frías, son algo muy triste, y nos ofrecen una pequeña visión de la muerte, de algo que has conocido cálido y reconfortante, y ahora está frío y rígido.

Si este pensamiento te deprime, mete otro par de rebanadas de pan blanco, -el pan moreno no es tan bueno como lo pintan-, bien doradas, crujientes al tacto, y a continuación empapadas en aceite ¡Esto es cocinar! Y es la razón de que los solteros prefieran las tostadas con aceite, a la cocina de los restaurantes de lujo. Desayunar tostadas con aceite de oliva, es como leer a Shakespeare, que no cansa nunca.