martes, 12 de julio de 2011
viernes, 8 de julio de 2011
EL OBISPO DE LOS "MARICONES"
Suena fuerte, lo sé, pero sólo pretendo contribuir a que nunca más se use este término para insultar. Una condición que no hace muchos años era razón suficiente para ir a Comisaría, y después pasar a estar entre rejas, se ha convertido en orgullo, en envidia de casados, divorciados, y todos los recelosos del matrimonio cristiano ¡Qué tendrá el agua cuando la bendicen! Pero de pronto surge un obispo que “cura” esta tendencia “desordenada”. Se llama Juan Antonio Reig Pla.
¡Juan Antonio, hijo!, he visto la guía que habéis sacado para curar la homosexualidad y me he quedado de piedra. Nunca pensé que te apuntaras a la “caza del homosexual”. Estoy de acuerdo con tu preocupación por el futuro de los niños, y que para ello sea necesario “un padre y una madre”. Pero no siempre es posible. Sin ir más lejos tú y yo, -todavía niños-, vamos por la vida sin padre y sin madre, y, claro, podemos decir estupideces. Aunque, si lo pienso bien, tú sí tienes padre, con mayúscula esta vez. Como obispo, -de Alcalá de Henares, y anteriormente de Cartagena-, has contado siempre con la clarividencia que da el cargo. Pero esta vez no has estado fino ¿Cómo te metes con los homosexuales, precisamente en el día del “Orgullo Gay”. Ya sé, ya sé, que lo haces por su bien; “con respeto, compasión y delicadeza”, dices en la guía. Pero adviertes que “ni los inmorales, ni los adúlteros, ni los afeminados…, heredarán el Reino de Dios”. Y te apoyas en Pablo de Tarso ¡Así cualquiera!
Hace unos días ya había leído yo en la prensa de Galicia, a un colega tuyo, y me quedé estupefacto ¿Es cierto que curáis homosexuales?, ¿con descargas eléctricas? Pues tendréis mucho trabajo, porque “somos cantidad”. Precisamente en mi visita a Vigo, me comentaron algunos colegas un caso tremendo y al mismo tiempo festivo: un homosexual, ante los resultados negativos de las “corrientes” que le estaban aplicando para cambiar de tendencia, le había dicho a su psiquiatra: “¿Sabe doctor que le digo? Prefiero ser maricón”. Nos reímos todos de la reacción de este joven inteligente e ingenioso, que en adelante no podrá contar con la bendición de los obispos.
Pero de Juan Antonio, -que estudió lo justito-, puedo decir mucho y bueno; nadie negará que se trata de un hombre de buen corazón. Precisamente tuvo problemas por llevar su bondad a la Universidad Católica, la UCAM del “Cardenal” Mendoza, -¡tan necesitada de padre y de madre!-; y ha tenido que soportar ciertas sonrisas irónicas cuando en cualquier sobremesa oía que le llamaban alma blanca o simplemente ingenuo; y esto le lleva a plantearse la siguiente cuestión: ¿arrastraré algún trauma infantil debido a un mal destete? Como si de una cruzada se tratara, el bueno de Juan Antonio defiende “esperanza para el homosexual”, con tal de recibir tratamiento.
Pero considerar la homosexualidad como una enfermedad es fruto de la ignorancia; y quienes hablan todavía de “curar la homosexualidad” se sitúan fuera de la ciencia. La homosexualidad ya hace tiempo que fue calificada como algo normal por la Organización Mundial de la Salud. No deberían, por tanto, desempeñar funciones educativas o sanitarias los homófobos.
Cada día que pasa, la riña por la sexualidad ilumina con más claridad el pozo negro de nuestra ignorancia. Estamos ya siendo grabados, escuchados y juzgados por quienes nos siguen día y noche para recoger nuestras huellas, cuando amamos a alguien.
José Buendía. Profesor de Psicopatología
lunes, 4 de julio de 2011
AUTOENGAÑO

Nos engañamos a nosotros mismos todos los días. Se engañan las autoridades, los directivos, los inversores, los periodistas, los políticos… El autoengaño es una práctica común y peligrosa porque nos aleja de la realidad, y el precio que pagamos por vivir en la mentira es muy alto.
Hace algún tiempo publiqué un artículo sobre la arrogancia y el desprecio por las opiniones de los demás que aqueja a quienes tienen poder. Precisamente, la crisis global financiera tuvo su origen en este síndrome. Hasta un análisis superficial de los líderes de algunos de los grandes bancos que se desmoronaron, o de los líderes políticos que intervinieron, pone de manifiesto que el autoengaño subyace a todo. Los bancos llevan varios años tasando inmuebles que saben que están absolutamente sobrevalorados. Aun así, a final de año presentan cuentas con beneficios desorbitados. El autoengaño es un mecanismo que ha sido seleccionado para servir al engaño e impedir su descubrimiento.
Por otro lado, el autoengaño es un síntoma de inteligencia. Consiste en engañarse para que las cosas sigan funcionando, y “si sucede lo peor, ya lo arreglaremos”. Este mecanismo psicológico actúa como tranquilizante, nos permite reducir la incertidumbre y nos brinda una ilusoria sensación de control. Pero al mismo tiempo genera disfunciones como la incapacidad para reconocer errores, objetivos poco realistas, necesidad de parecer perfecto, actividad compulsiva... La gente también sabe de su existencia, cuando dice: "a ese se le ha subido el cargo a la cabeza" o "no hay quien le diga nada”. Hay un desorden narcisista de la personalidad de cuyo espectro es posible que el síndrome de autoengaño forme parte. Por eso es necesaria la alternancia en el poder. Ocho años son más que suficientes para estar en el cargo.
Es necesario, por tanto, alertar a tiempo y tomar medidas. El líder todopoderoso, el que lo sabe todo, el que no se rebaja a consultar con nadie ni a informarse es el que va a cometer más errores. En estos casos no hay que buscar exculpaciones a su comportamiento. Si ocupan un cargo hay que juzgarlos con los criterios más estrictos. No hay ninguna obligación de presentarse a un cargo democrático, pero quien lo hace, tiene que actuar con la mayor transparencia.
Algunos directivos se caracterizan precisamente por estos rasgos de torpeza emocional. Hacen de la mentira o el cinismo una herramienta, tienen una equivocada noción de sí mismos, y su gestión está contaminada por la necesidad de poder. Por el contrario, el buen gobernante está atento a los cambios de la realidad, evalúa continuamente sus conocimientos, se detiene a reflexionar si las metas que establece son realistas, y evita permanecer demasiado tiempo en el poder.
He estado pensando acerca de directivos sujetos al autoengaño, y son legión. Con una mirada irónica pero tierna, señalaré algunos de los más cercanos: El Rector de la UMU , -como ya he escrito en otro lugar-, se auto-engaña. Su confrontación con la Privada, le lleva a chocar contra la diplomacia vaticana del “Cardenal” Mendoza. Yo le llamo cariñosamente así por su estrecha relación con Ratzinger. Como es lógico, el dueño de la UCAM también se auto-engaña. Tanto poder religioso y político, -cuenta incluso con el apoyo del gobierno regional-, necesariamente aliena.
Otra víctima de autoengaño, esta vez en estado avanzado, es el alcalde de Murcia. Ocupar un cargo público durante tantos años, le lleva a hacer uso de este mecanismo psicológico para tener la sensación de control. Cámara tiende a disimular ante los problemas de Urbanismo, Nuevas Condominas, San Esteban… El poder le incapacita, pero no es consciente de ello.
También se auto-engaña el presidente Valcárcel. No ha tenido más remedio que seguir en el cargo. Bien le hubiera gustado ser parlamentario europeo, senador, diputado, o ministro, -aunque en lo de ministro ¡todo se andará!-. Gobernar durante veinte años la Comunidad Autónoma de Murcia, sólo es posible bajo el mecanismo psicológico del autoengaño, que permite, entre otras cosas, reducir la incertidumbre.
Se auto-engaña Pedro Saura, secretario general del PSRM al considerarse imprescindible. La noche del 22M, -si no antes- debió dejar el cargo. Ahora su partido necesita cuidados intensivos, que, desafortunadamente, no puede prestar la actual dirección.
Dejo en manos del lector la tarea de clasificar a tantos auto-engañados. Analizar el perfil de personalidad, la ambición desmedida, el complejo de inferioridad que muchos pretenden compensar con el sillón del poder, puede constituir un sano divertimento.
Un aspecto relevante, por tanto, en la casuística psicológica es el fenómeno del autoengaño. Podríamos calificarlo de inocente, humorístico, perverso, piadoso, útil, y sobre todo inconsciente. Así, una persona afectada de adición al poder, ignora su temor a convertirse en ciudadano corriente. Tras la conducta de lucha política, se esconde, con frecuencia, su obstinación de no aceptar el carácter obligatoriamente incierto de la vida.
viernes, 24 de junio de 2011
JOVEN Y MUJER
Confieso que estoy de duelo por la juventud perdida. A mi edad se ven las cosas de otra manera y cuesta digerir las genialidades de esta joven ministra, ahora directora general. Pero, yo que inevitablemente e inadvertidamente me he hecho mayor, me he dado cuenta que la edad es una cuestión política. Es el último prejuicio que queda por conquistar.
La vida no para, no espera, no avisa. Esta debe ser la causa de que tenga que ser joven. En este sentido, lo está haciendo bien, porque cada vez que habla, logra distraer al ciudadano de lo importante: la crisis económica, el paro, la inmigración, la igualdad…, ¡y eso relaja!
Me parece estupendo que sea mujer, pero ¡que manía en que tenga que ser joven! La edad, a pesar de lo que digan algunos políticos, es un estado de la mente, una conciencia de las cosas, un arte de vivir. Yo hubiera propuesto lo contrario, si de aportar sabiduría al Gobierno se trataba: viejo, y con ideas, como en la selección española de fútbol. Las defensas maduras son un indicador fiable de saber vivir, que es lo más urgente si se quiere acabar con las desigualdades. Se equivoca quien nombra ministro a quien no ha vivido.
Toda la importancia que este gobierno da a la juventud, no me la trago. Yo abrazo la vejez. Esos ancianos, para los que no existe ministerio de igualdad, son seres humanos que han logrado librarse del éxito, eso que generalmente, convierte a quien lo alcanza en un cretino.
La estética del perdedor me encanta.
domingo, 19 de junio de 2011
El Poder de un Sillón

El sillón del poder es tan erótico que son muchos quienes se entregan en sus brazos, como si en ello les fuera la vida. Los principales políticos del panorama nacional e internacional están volcados y deseosos de tener cada vez un sillón más importante, hasta el punto de que cuando tienen que dejar el sillón lloran como niños. Un día vi llorar al presidente Clinton, y les confieso que impresiona. También lo hizo Helmut Kolh. Anteriormente yo ya había visto llorar a Franco, al entonces ministro de la gobernación, Fraga Iribarne y al presidente Arias Navarro. Y hace unos meses lo hizo José-María Aznar ¡Qué tendrá el sillón del poder que es capaz de conmover hasta estos extremos. ¡Qué historias tan llenas de ternura!
En la Universidad ocurre lo mismo: el sillón más grande y elevado, el que suscita más erotismo es el del Rector, y es importante que la persona que lo ocupa sea capaz de llenarlo como ocurrió con Villapalos o con Peces Barba, no así con mi ex-alumno Rodríguez Marín rector de la de Elche, a quien el sillón le viene grande.
Después están los Decanos y directores de Departamento, también celosos ocupantes de un sillón; y no vean lo que cuesta desalojar a algunos de su sede. Hace algún tiempo se llevó a cabo la remoción de una decana, eso sí con “estilo universitario”, que quiere decir sin que se sepa, sin que se note, concediendo galardones si es preciso... Y fueron muchas las “lágrimas” que se derramaron como expresión de un amor, de una pasión hacia el sillón.
Y en cuanto a los directores de departamento, todavía no he asistido al abandono de un solo sillón, si no es para ocupar otro aún más elevado. Hay directores que ocupan el sillón prácticamente de forma vitalicia. En mi departamento, al que llamamos de forma coloquial “La Petra”, hay también un eterno director, habilidoso donde los haya, que se las ingenia para promover la confrontación entre los grupos como forma de perpetuarse. Ya son cinco mandatos los que se ha echado al cuerpo, y no parece “quemado”, sobre todo ahora que se ha comprado un nuevo sillón estilo “ejecutivo-agresivo”. Este sillón debe valer un huevo, y tiene fuertes efectos colaterales para la exigua partida presupuestaria departamental, dado que se trata de un sillón con todos sus “complementos”.
Los profesores universitarios también tenemos un sillón, de inferior categoría pero sillón a fin de cuentas. A los becarios les corresponde una silla, y en el caso de los alumnos internos un pupitre o taburete. Así es y “así debe ser” para que todo sea funcional.
Pero he aquí que la Petra, madre hacendosa, todo lo aprovecha; y el sillón desechado por su director, abandonado en un cuarto trastero, sucio y mugriento ha sido asignado, –como si de una reliquia se tratara-, al profesor más antiguo y con más tramos, y que más lo necesita. Este profesor, casualidades de la vida, se encontraba ya tres meses sin un sillón (por inhabilitación del anterior) a pesar de sus reiteradas demandas; y el sillón que fue del “poder”, aunque estemos hablando en este caso de un poder mezquino, mediocre y ruin, se ha convertido en la solución.
Claro que al parecer, el “veterano” profesor no ha querido todavía sentarse en él, tal vez por aquello de no contaminarse de esa adicción al poder, y más cuando tantas decisiones de dudosa legitimidad se han tomado desde “el sillón de la Petra”. Este hombre no quiere ningún sillón, y creo que está en su derecho, prefiere trabajar peripatéticamente o desde una silla-taburete que es con lo que cuenta ahora, antes que arrodillarse ante “el sillón del poder”.
Un alumno que observó la situación, le escribió a este profesor: "Recuerde que las cosas verdaderamente importantes, y que por ello han quedado marcadas en la historia, se han dicho de pié, no desde ningún sillón por importante que este fuese”. ¡Oye, pues es verdad!
sábado, 18 de junio de 2011
Luciérnagas

A las cinco de la tarde
cuando el resplandor se queda sin brillo
y el jardín se sumerge en el último hervor clavado del día.
Oigo el grupo bullicioso de niños
que salen a cazar luciérnagas
corriendo sobre el pasto
se dispersan entre los arbustos,
gritan su excitación, palpan su deslumbre.
Se arma un círculo alrededor de la pequeña
que muestra la encendida cuenca de sus manos.
Titilando.
Antiguo oficio humano
este de querer apagar la luz.
¿Te acuerdas de la última vez que
creímos poder iluminar la noche?.
El tiempo nos ha vaciado de fulgor
pero la oscuridad
sigue poblada de luciérnagas.
Gioconda Belli
martes, 14 de junio de 2011
Día de la Región: El Estancamiento
Creo que me estoy volviendo raro, tal vez sea una enfermedad de la sangre o una malformación política-ideológica. Pero estoy cada día más forastero; sufro un déficit de “murcianía”, y no me identifico con lo que nuestros gobernantes consideran señas de identidad. Ojeo la prensa y veo a los mismos personajes, unas veces de perfil y otras de frente, pero siempre los mismos. Una mirada -irónica pero penetrante- cae de nuevo sobre el "Cardenal" de la UCAM, o sobre ese Alcalde al que le falta sal. Otra o quizá la misma mirada irónica pero tierna- enciende, entre otros personajes, al Rector de Obras Públicas con su displicencia y desdén hacia el poder y la imagen.
Parece como si aquí no pasara el tiempo: los mismos discursos, las mismas medallas, los mismos sillones, los mismos papanatismos. Creo escuchar a Ruiz Vivo cuando oigo hablar de “murcianía”, es decir, del espíritu de la murcia-profunda. Pero no, no. Son otros quienes ahora utilizan esa horterada para exhibir su hoja de servicios: “Cubriré una etapa trabajando desde la murcianía”. “Ahora amo más a Murcia”. “Murciano hasta la médula”… ¡Qué expresiones tan llenas de ternura y clarividencia!
Ante los nuevos libertadores, yo me declaro inmigrante: ucraniano, senegalés, marroquí o ecuatoriano, no tengo tendencia definida. El principal problema que tiene nuestra región es otro muy diferente que no se nombra: el estancamiento. Es un tema del que no se habla, pero es un síndrome típico de esta tierra. Ante un modelo de crecimiento insostenible e irresponsable, la confusión entre lo público y lo privado, o la “confiscación” de nuestro patrimonio natural, existen demasiados signos de resignación. El déficit cultural que sufre esta región, -de esto no tengo la menor duda,- no es precisamente motivo para vanagloriarse de “murcianía” o “murcianismo exigente”, últimos hallazgos lingüísticos de los “políticos del cambio”.
Pero, ¿saben qué? Me están dando ganas de gritar Viva Murcia, yo que nunca fui nacionalista. Tengo miedo de quedarme como un emigrante más, a los pies de Berlusconi. Desde hace unos días contemplo mi déficit de “nacionalismo”, viendo las caras con las que me miran los demás. La mirada del otro se convierte en el espejo donde te miras. Es la mirada del miedo a la murcia-profunda, y su práctica inquisitorial con quien se sale de parva. Yo invito a estos nuevos conversos, -que contabilizan todavía a diario los votos de los que no les votaron-, a que tiren de hemeroteca y recuerden el origen oculto de tan ominoso concepto.
Los políticos con su peculiar lenguaje, han dejado al desnudo el alma murciana: la gente va emitiendo su veredicto sobre nosotros, “los no nacionalistas”, disidentes, emigrantes, o ciudadanos del mundo pero sin “murcianía”. El asunto empieza a cobrar tintes paranormales, pero a nadie causa asombro lo movedizo de las conciencias. Aquellos que apoyaban la internacional, son ahora los más beligerantes, convirtiendo a “Murcia Acoge” en una entelequia.
lunes, 6 de junio de 2011
ESPERANDO A LOS BÁRBAROS

No puedo ser anticlerical porque no me sale, y tampoco quiero contrariar al próximo presidente, que ha tenido que esperar mandato-y-medio por culpa de la consabida conspiración. Lo he intentado varias veces y no me sale. Lo siento.
Pero hay algo más. Ayer aparecía la foto de Putin y de Ratzinger, sonrientes y unidos; y a mí me dio un subidón ¿anticlerical? Aparecen juntos pero sin la periodista Anna Politkóvskaya eliminada por el primero, y sin el teólogo Jon Sobrino finiquitado por el segundo. No hablaron de derechos humanos, señala la agencia de noticias, para facilitar el entendimiento. La entrevista quedó muy bonita. No podía ser de otra forma, tratándose del ex-capo del KGB y del ex-jefe de la Inquisición.
Necesitan enemigos, necesitan anticlericales, pero de estos últimos no hay. Ni siquiera Jiménez Losantos los encuentra ya entre la gente corriente. Pero ¡Santo Cielo! ¡Vuelve la Iglesia!, dice el Roto, al tiempo que muestra un robusto y adornado báculo capaz de provocar miedo hasta en el más pintado. La iglesia y la derecha actúan en total sintonía para implantar una variante española de la revolución liderada por los de las Azores. Una cosa he comprendido claramente con los años, y es que estas organizaciones son reaccionarias por naturaleza, fanáticamente inmovilistas, y solidariamente interesadas en aquel orden que favorece a la minoría de siempre.
Waiting for the barbarians del Nóbel sudafricano Coetzee es enormemente interesante. Esperando a los bárbaros, es la actitud fantasmagórica de muchos ante las rígidas posturas, intransigentes, propias de la brutalidad de una jauría humana en caza al diferente o en guerra preventiva. Pero también la invitación a dialogar en busca de una posición serena, de un posible retorno a la sensatez y al respeto de lo diferente, si queremos evitar la degradación civil.
En este sentido, Esperando a los bárbaros puede significar no tanto la llegada del bárbaro en cuanto barbarie, como es el caso de los nuevos cruzados; sino del bárbaro como desconocido, ya sea senegalés, latinoamericano, o de cualquier otro lugar de la tierra. ¿Y si los bárbaros fueran como nosotros?
www.josebuendia.blogspot.com
viernes, 3 de junio de 2011
"Políticos" y/o "Intelectuales"
Fue Pio Baroja, quien en una de de aquellas tertulias que celebraban los intelectuales del 98, al hablar de los españoles, dijo:
La verdad es que en España hay siete clases de españoles… sí, como los siete pecados capitales. A saber:
1) los que no saben;
2) los que no quieren saber;
3) los que odian el saber;
4) los que sufren por no saber;
5) los que aparentan que saben;
6) los que triunfan sin saber, y
7) los que viven gracias a que los demás no saben.
Unamuno y Benito Pérez Galdós aplaudieron a Baroja. Sobre todo por el último punto, el que dice “los que viven gracias a que los demás no saben”. Estos últimos se llaman a sí mismos “políticos” y a veces hasta “intelectuales”.
jueves, 2 de junio de 2011
"BASTANTE OPTIMO"
Son palabras de una joven mujer ascendida por méritos propios a las más altas esferas del partido en el gobierno: “el resultado de las elecciones es bastante óptimo” (sic).
¡Pajín!, ¡hija!, ¿bastante óptimo? Y para acabar: “todos y todas”. No sólo es incorrecto sino también cursi. Nunca pensé que te despidieras de esta forma de “todos y todas”. Si son todos, son todos.
Hace unos días ya te había leído en la prensa en plenas elecciones, y me quedé maravillado de tu discurso por el que bien mereces un puesto en el Senado. De hecho Zapatero te ha hecho pasar curso, y tu plaza acaba de salir ¡No me digas que el leguaje no tiene importancia! Pero, tú allí calladita, salvo que tengas algo que decir.
Me comentan que no acabaste los estudios ¡Bueno y qué! uno puede ser sabio sin haber pisado la universidad, o ignorante con varias licenciaturas. No dudo, por tanto, de tu sabiduría. Eres joven y mujer, y basta. Tienes las condiciones esenciales para ser ministra con Zapatero.
He oído que algunos seguidores te gritaban: “buena”, “alma blanca” o simplemente “guapa”. Pero lo grave es que alguien te acaba de llamar “planetaria”, y esto no se puede tolerar.