domingo, 18 de septiembre de 2016



Hartazgo insufrible

Leo El País, -mi periódico de siempre-, y observo que ya no es mi periódico.
Compro el Mundo -que nunca me gustó- pero publica mis escritos. 
Por supuesto no veo la TV. Ni siquiera la Sexta; tengo fobia a los predicadores.

Una intervención semanal en Onda Cero “La Firma”, sobre Psicología Social y de la Salud, me basta para mantener el pulso con las inquietudes de la gente.  
Pero en la Radio no hablo de corrupción, ni de engaño, ni de los políticos de vía estrecha que hay en la Región, ni del “nido de mediocres” que pasan sus días de forma placentera en la Consejería de Educación, ni del Nepotismo en la Universidad y la incompetencia de algunos “mandarines” que se perpetúan en los cargos con una frivolidad que espanta. Los Rectores, por lo visto, no se enteran.

Claro que mi “discurso” no es aséptico. En positivo, trato de dar las claves para una vida saludable y comprometida. Los ciudadanos deben tomar medidas para no contaminarse con las simplezas que se propagan a diario.

En fin, amigo Fabio, estoy en una situación de hartazgo insufrible; convencido de que las proclamas de los políticos y los mensajes de los medios en general son patógenos, en este momento. Su toxicidad es extrema.
Pero no podemos permitir que nos condenen a un futuro sin política.

sábado, 17 de septiembre de 2016


LA CLASE
Como podéis ver, soy un profesor ya mayor, por tanto, no debéis esperar que esté a la altura de mi productividad de hace unos años. Con todo, puedo decir que he reunido una gran experiencia; 36 años de experiencia universitaria dan para mucho. Pero mi actitud hacia vosotros, es una actitud de curiosidad. ¡Es tanto lo que quisiera aprender! Me interesa mucho saber cuáles son las preocupaciones que tienen hoy los jóvenes. Me interesa mucho conocer la situación que están atravesado con motivo de la crisis económica. Me interesa conocer la universidad, que camina hacia un futuro incierto ¿Estáis contentos con esta universidad?

Os propongo para este curso, que las clases sean como una conversación. Cuando uno habla, le habla a alguien, pero cuando toma apuntes hay un papel entre ambos que distorsiona la comunicación. Los apuntes son un grave atentado al aprendizaje; se convierten en elemento foráneo, en un intruso que altera el encuadre necesario. Estoy convencido de que sólo se puede aprender a través de la conversación. Ser universitario es estar instalado en medio de un debate, y en la discusión unos y otros reconocen que todo es discutible. No se trata de que podamos decir lo que pensamos, -para lo cual ya hace falta arrojo-, sino sobre todo de pensar lo que decimos; y la conversación es la forma de aprendizaje más noble que hay. Es urgente generar, por tanto, en las aulas espacios de conversación.

Como es lógico, determinadas unidades del plan de estudios deben respetarse, pero lo decisivo es facilitar a los jóvenes la capacidad de enmendar sus propias carencias de saber, a través de su propia actividad. La formación debe consistir ante todo en potenciar las propias fuerzas allí donde uno percibe sus puntos débiles, y no confiarla a la envoltura engañosa de las calificaciones. Pero ¿cómo llevar a cabo esta formación, si no existen grupos preparados para ello? Ahora en las universidades españolas tenemos grandes aulas a las que asisten decenas de estudiantes. Ni el profesor puede reconocer al alumno dotado, ni se pueden reconocer entre sí los que congenian. Es un ajetreo desesperante. Algo diferente he visto en las universidades americanas.
Los títulos, las especializaciones y también la mediocridad han ido en aumento, a despecho del nombre universidad. Si observamos las tesis doctorales que se presentan, es terrible constatar que todas se parecen mucho, (en algunos casos son prácticamente iguales, como hechas con el mismo molde), y en general su contribución científica es mínima, por no decir nula. En muy pocas ocasiones las experiencias decisivas y la propia capacidad de juicio y formación se ponen de manifiesto. Hoy en día, de lo que se trata es de adaptarse a lo legitimado, de manera que uno no puede decir su parecer a no ser citando un libro o corriendo riesgos; y esta es la razón de por qué en la universidad pública española apenas unos pocos se atreven a disentir. “Que no se sepa, que no se diga, que no se note”, es decir estilo universitario ¡Hay que acabar con esto!

Se oye hablar mucho actualmente de evitación de riesgos, y se practica en las organizaciones el seguimiento de reglas para evitarlos. Pero, ¿quién ha aprendido realmente, si no ha sido de sus propios errores? Hay que vincular la educación a la investigación y a la innovación, sin miedo a los riesgos. En unos momentos en que todo está uniformado, y predomina un color gris, monótono y aburrido, es necesario que hablemos en clase con espontaneidad y con total libertad ¿Nos llevarán otra vez al Tribunal de la Inquisición, por ello? Se trata de hablar a alguien; alumno, profesor, compañero, con especial sensibilidad. Es la única manera de formarse. Este curso es una oportunidad.



Cómo llegó a Consejera

Espléndido artículo de Arturo Pérez-Reverte (04-09-016). No suelo leer a este escritor, pero me encontré con él, ojeando el suplemento dominical del periódico. Se refiere a la Consejería de Educación y Universidades y el Boletín oficial de la Región de Murcia.Sobre catedráticos y catedráticas”, es el título.

¿Es catedrática la Consejera?  ¿Cómo el Rector de la UMU la tuvo en su equipo de gobierno? ¿Cómo pudo llegar más tarde a Consejera de Educación y Universidades?

Me dicen algunos profesionales de la Educación que la Consejería dirigida por María Isabel Sánchez-Mora, es un “Nido de Mediocres”. Creo que exageran. Siempre hay en los equipos de gobierno alguien capaz de organizar la ejecución de la tarea.

En cualquier caso, puede que sea la propia institución la que permite, fomenta y celebra el triunfo de los mediocres. No es extraño, porque hemos creado una cultura en la que los mediocres son los primeros en ser ascendidos, los que más se hacen escuchar y a los que votamos, sin importar lo que hagan.
Otra mujer poderosa, que tiene motivos para llorar.